Reseña El último barco - Domingo Villar

TITULO: El último barco

AUTOR: Domingo Villar

EDITORIAL: Siruela

AÑO EDICION: 2019

Nº PAGINAS: 712

 

SINOPSIS

UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS. La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo. Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios. Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.

 

OPINION

No hay muchos libros que te hagan reír de verdad, aunque sea sólo por eso, El último barco de Domingo Villar ya es un buen libro. ¿El humor es lo primero que destaco de una novela policiaca? Algo debe fallar. Pues no, no falla nada. Después de ponerse de moda las sagas policiacas con escenarios en el norte de España, se ha saturado tanto el mercado que ya han perdido la frescura y la originalidad. Y no es que Domingo Villar se haya enganchado a dicha moda, que lo suyo ya viene de largo, pero una de las cosas que distingue su libro de tantos otros publicados en los últimos años es eso, el sentido del humor, sobre todo en la primera mitad de la obra.

Dicho esto, Villar nos sumerge en una trama envolvente, de manera suave como la niebla gallega, con un estilo de los que hace que nos sumerjamos en la historia y el tiempo pase volando entre sus páginas. Un estilo pulcro, muy literario, sin alardes pero sin nada que chirríe o parezca fuera de lugar en ningún momento.

Me gustaría señalar algo que me ha llamado la atención por su originalidad, que no sé si emplea en sus obras anteriores porque reconozco que es lo primero que leo de este autor, y es lo siguiente; cada capítulo comienza con la definición de una palabra que de algún modo va a ser significativa dentro del capítulo, con sus diferentes significados, igual que en un diccionario. Además de original, me parece ilustrativo para el lector, pues nos hace recordar significados tal vez olvidados por su escaso uso, y es que todo gira en torno al uso de las palabras.

Quiero hacer mención a dos personajes, que pese a ser secundarios dentro de la obra, creo que sus apariciones merecen auténticamente la pena. Uno es un mendigo de nombre Napoleón, y el otro el padre del inspector Leo Caldas, cuya aparición es fugaz, pero realmente merece la pena, de las que dejan huella. Lástima que sea un personaje tan secundario, pues sin duda su idiosincrasia hubiera enriquecido la novela.

"Al frente, la superficie del mar parecía teñida de verde oscuro aquella mañana de viernes. Un día más, el hombre de la pipa sostenía el sedal cerca de la piedra de los cormoranes en la que, se comentaba, había visto una vez una sirena. Caldas podía oír los trinos de los jilgueros en la jaula de madera, sobre la popa de la barca del zahorí."

Este párrafo es un fiel reflejo del ritmo narrativo de la obra, tranquilo, suave pero muy literario. Así hasta que se aproxima el final y el autor nos precipita hacia un desenlace vertiginoso e inesperado.

La única pega, por poner alguna, es que la novela no se despega del caso en su práctica totalidad. El autor sólo se permite dos pequeños deslices en la vida personal del protagonista, uno con su padre y otro con una antigua amiga, el resto es investigación, investigación e investigación. Se echa en falta alguna pequeña subtrama que hubiera enriquecido aún más la línea argumental de la obra.

En definitiva, se trata de una obra extensa, 712 páginas, y cuando se acaba de leerla se hace con la sensación de que ha sabido a poco, y esto creo que habla por sí mismo.

TITULO: El último barco
 
AUTOR: Domingo Villar
 
EDITORIAL: Siruela
 
AÑO EDICION: 2019
 
Nº PAGINAS: 712
 
SINOPSIS
UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS. La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo. Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios. Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.
 
OPINION
No hay muchos libros que te hagan reír de verdad, aunque sea sólo por eso, El último barco de Domingo Villar ya es un buen libro. ¿El humor es lo primero que destaco de una novela policiaca? Algo debe fallar. Pues no, no falla nada. Después de ponerse de moda las sagas policiacas con escenarios en el norte de España, se ha saturado tanto el mercado que ya han perdido la frescura y la originalidad. Y no es que Domingo Villar se haya enganchado a dicha moda, que lo suyo ya viene de largo, pero una de las cosas que distingue su libro de tantos otros publicados en los últimos años es eso, el sentido del humor, sobre todo en la primera mitad de la obra.
 
Dicho esto, Villar nos sumerge en una trama envolvente, de manera suave como la niebla gallega, con un estilo de los que hace que nos sumerjamos en la historia y el tiempo pase volando entre sus páginas. Un estilo pulcro, muy literario, sin alardes pero sin nada que chirríe o parezca fuera de lugar en ningún momento.
 
Me gustaría señalar algo que me ha llamado la atención por su originalidad, que no sé si emplea en sus obras anteriores porque reconozco que es lo primero que leo de este autor, y es lo siguiente; cada capítulo comienza con la definición de una palabra que de algún modo va a ser significativa dentro del capítulo, con sus diferentes significados, igual que en un diccionario. Además de original, me parece ilustrativo para el lector, pues nos hace recordar significados tal vez olvidados por su escaso uso, y es que todo gira en torno al uso de las palabras.
 
Quiero hacer mención a dos personajes, que pese a ser secundarios dentro de la obra, creo que sus apariciones merecen auténticamente la pena. Uno es un mendigo de nombre Napoleón, y el otro el padre del inspector Leo Caldas, cuya aparición es fugaz, pero realmente merece la pena, de las que dejan huella. Lástima que sea un personaje tan secundario, pues sin duda su idiosincrasia hubiera enriquecido la novela.
 
"Al frente, la superficie del mar parecía teñida de verde oscuro aquella mañana de viernes. Un día más, el hombre de la pipa sostenía el sedal cerca de la piedra de los cormoranes en la que, se comentaba, había visto una vez una sirena. Caldas podía oír los trinos de los jilgueros en la jaula de madera, sobre la popa de la barca del zahorí."
 
Este párrafo es un fiel reflejo del ritmo narrativo de la obra, tranquilo, suave pero muy literario. Así hasta que se aproxima el final y el autor nos precipita hacia un desenlace vertiginoso e inesperado.
 
La única pega, por poner alguna, es que la novela no se despega del caso en su práctica totalidad. El autor sólo se permite dos pequeños deslices en la vida personal del protagonista, uno con su padre y otro con una antigua amiga, el resto es investigación, investigación e investigación. Se echa en falta alguna pequeña subtrama que hubiera enriquecido aún más la línea argumental de la obra.
 
En definitiva, se trata de una obra extensa, 712 páginas, y cuando se acaba de leerla se hace con la sensación de que ha sabido a poco, y esto creo que habla por sí mismo.
 
Júcar Gobel