El bosque de los cuatro vientos - María Oruña (2)

"Con el tiempo, Bécquer había comprendido que en la vida siempre llegaba un instante de perdición absoluta. Un abismo insondable en el que ya todo era repetido, y en el que las historias solo cambiaban de nombre. Era como deambular en un bosque al que siempre se llegaba al anochecer, cansado y sin ganas de caminar.
Pero a veces, en ese instante de clarividencia absoluta, de comprender que nada podía perdurar y de que todas las historias eran siempre la misma, aparecía un agujero en el bosque. Y a través de aquel punto de luz se podía escapar del decorado roto que componía la espesura adormecida."
 
 
Pero a veces, en ese instante de clarividencia absoluta, de comprender que nada podía perdurar y de que todas las historias eran siempre la misma, aparecía un agujero en el bosque. Y a través de aquel punto de luz se podía escapar del decorado roto que componía la espesura adormecida.Con el tiempo, Bécquer había comprendido que en la vida siempre llegaba un instante de perdición absoluta. Un abismo insondable en el que ya todo era repetido, y en el que las historias solo cambiaban de nombre. Era como deambular en un bosque al que siempre se llegaba al anochecer, cansado y sin ganas de caminar.
Pero a veces, en ese instante de clarividencia absoluta, de comprender que nada podía perdurar y de que todas las historias eran siempre la misma, aparecía un agujero en el bosque. Y a través de aquel punto de luz se podía escapar del decorado roto que componía la espesura adormecida.Con el tiempo, Bécquer había comprendido que en la vida siempre llegaba un instante de perdición absoluta. Un abismo insondable en el que ya todo era repetido, y en el que las historias solo cambiaban de nombre. Era como deambular en un bosque al que siempre se llegaba al anochecer, cansado y sin ganas de caminar.
Pero a veces, en ese instante de clarividencia absoluta, de comprender que nada podía perdurar y de que todas las historias eran siempre la misma, aparecía un agujero en el bosque. Y a través de aquel punto de luz se podía escapar del decorado roto que componía la espesura adormecida.Con el tiempo, Bécquer había comprendido que en la vida siempre llegaba un instante de perdición absoluta. Un abismo insondable en el que ya todo era repetido, y en el que las historias solo cambiaban de nombre. Era como deambular en un bosque al que siempre se llegaba al anochecer, cansado y sin ganas de caminar.
Pero a veces, en ese instante de clarividencia absoluta, de comprender que nada podía perdurar y de que todas las historias eran siempre la misma, aparecía un agujero en el bosque. Y a través de aquel punto de luz se podía escapar del decorado roto que componía la espesura adormecida.