El ministerio de la verdad (2) - Carlos Augusto Casas

 “Mira a tu alrededor. ¿Qué ves? Yo te lo diré. Un montón de sonámbulos siempre con una pantalla delante para que no se den cuenta de lo que pasa a su alrededor. Del móvil al ordenador, de la televisión a la tablet, buscando su dosis de entretenimiento. Autómatas descerebrados que creen que la felicidad se vende en los supermercados. La zanahoria tecnológica para que el burro siga caminando. Hemos renunciado a nuestra condición de seres humanos para convertirnos en consumidores, cambiando el libre albedrío por unos cuantos cachivaches de última generación. Somos manipulables y crédulos como niños a los que no se deja decidir las cosas importantes, niños obedientes a los que hay que decir lo que tienen que hacer, qué tienen que comer, como deben vestir, cuando pueden hablar y cuando callarse. Y si alguno desobedece, se lo amenaza con el castigo. El miedo a perder nuestras ridículas posesiones materiales nos convierte en esclavos. El miedo es el mejor educador de todos los tiempos. Han castrado la grandeza del ser humano para que sólo aspiremos a ser mediocres. Confundimos éxito con felicidad, capacidad adquisitiva con capacidad intelectual. Han logrado que la máxima aspiración del ser que creó El Partenón, que pintó Las Meninas, que esculpió El Pensador, que escribió El libro del desasosiego sea tener un trabajo estable. Esclavos felices, que abrazan las cadenas porque se han convertido en un privilegio. Ya nada eleva nuestra alma, ya nada nos conmueve ni nos emociona. Sólo queremos distraernos, no alterar nuestro encefalograma plano intelectual. Y detrás de toda esta degeneración está el ministerio de la verdad. Con la tecnología como aliada, nos dominan. Lo saben todo de nosotros gracias a ella. Les ofrecemos toda nuestra información a cambio de un nuevo juego, un programa, una aplicación… Cada vez que le damos al botón de “aceptar” estamos firmando un pacto con el diablo. Nunca, en toda la historia de la humanidad, hemos estado tan controlados, tan condicionados, tan manipulados. Oimos el sonido de un mensaje entrante en nuestro móvil y lo dejamos todo para leerlo. Si ya no puedes distinguir entre la verdad y la mentira, es que los mentirosos han ganado. Vivimos una ficción, una libertad de cartón piedra.”