Pretextos

El paraíso perdido

Salió como cada mañana con su mochila al hombro para enfrentarse al día. El ladrón de sonrisas se había llevado el sol, los pájaros no cantaban sobre las copas de los escasos árboles que aún quedaban en pie. El ruido de la circulación era insoportable. Enfrente, a lo lejos, aquel gigante de hierro no dejaba de escupir aquella atmósfera maloliente que se impregnaba en la ropa y se incrustaba en el olfato.

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Moriré esta noche

Moriré esta noche cuando el silencio recorra los cuartos, las luces se apaguen,la luna forme estalactitas de rayos escarchadoscayendo sobre mi cama.Moriré esta noche cuando el viento arremolinelos sueños en los caminos pentagramados de los recuerdos,cuando se derrame de una trompeta la última nota de un bluesy caiga el telón de la farsa de un amor cobarde, mentiroso.Entonces moriré... sin lágrimas ni dolor;aunque mi corazón rebelde siga fabricando vida y el reloj impertinente siga marcando los minutosque aún le quedan a mi aliento para seguir empañando los espejos.Que más da la vida, cuando la muerte le da la manoy camina tomada de su brazo.

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Sinfonía inacabada

Llegaste cuando las letras de las canciones  yacían de manera desordenada por el suelo como soldados vencidos de aquella batalla que nunca fue, mientras el genio escapaba por la ventana, dejando tan sólo  el vacío en el que resonaba el eco de los versos que escurridizos, no se dejaban atrapar. Frases inacabadas que intentaban conformar un todo, sin saber que su final no era posible, porque la historia aún estaba por escribir. El color de tus ojos empezó a conformar las estrofas precisas, como si de repente todo comenzara a encajar. Casi sin darme cuenta, el gris de las paredes comenzó a transformarse en un arco iris de colores infinitos, mientras mi inventario de recuerdos tristes se difuminaba cuando el dorado de tus rizos ocupaba el cielo de mi mirada.

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Moros y cristianos

Decía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas; "Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil". Cuánta razón tenía Don José.

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Donde habita el olvido

Nunca pude despedirme de ti, ni siquiera en las despedidas, no supe hacerlo. Habitas el firmamento de mis recuerdos como estrellas titilantes que, iluminasen temblorosas las sombras de mi memoria, trayéndole acaso un soplo de calma. Guardo la suavidad de tu piel en los pétalos ajados de aquella rosa que se resiste a morir sin poder evitarlo. Tus palabras de amor plagadas de magia, que adornan las primeras páginas de tantos libros. Acaricio los trazos con las yemas de mis dedos y los cierro, rápido, temeroso, antes que la lluvia de mis pupilas difumine los sentimientos que una vez derramaste para mí.

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Los 80 y Rosa Montero

En una entrevista a Rosa Montero en El Independiente el pasado 13 de Marzo, la escritora señala “el que dice que echa de menos los 80, lo que echa de menos es su juventud”. Argumenta que aquella era una sociedad mucho más precaria.

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Al alba

El frío intenso de la madrugada se clava en su cuerpo desnudo como miles de estalactitas, erizando su piel. Le gusta aquella sensación sintiendo despertar cada terminación nerviosa de su cuerpo, le hace sentir vivo.

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Estrella de mar

Te pienso, mientras los ecos de mis pasos resuenan como timbales entre el empedrado de estas callejuelas con sabor a ayer. Eres mi estrella de mar, la que con su hilo dorado me guía bajo firmamentos estrellados hasta puertos prohibidos de pasiones escondidas, lejos de los arrecifes desde los que siete enanos cascarrabias intentan lanzarnos piedras con sus hondas sin conseguir tocarnos, a resguardo de los rayos de impiedad con los que los dioses ateos nos quieren dañar. Incrédulos de una fe donde tú eres mi Diosa y lo que sentimos mi religión.

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Eternae

¿Dónde quedaron aquellos tiempos en que mi corazón bebía de los versos que se derramaban de tus labios? Aquellos en que, embargados de una locura que nos transportaba a mundos de ensueño, donde sólo moraban nuestras ilusiones, nos apropiábamos de un tiempo que no nos pertenecía. Lloro su ausencia, y aunque en mis cuencas gastadas se quede prendida la última lágrima no derramada, mi corazón maltrecho grita tu nombre, intentando retener en la memoria del holocausto consumado la evocación de aquella felicidad, para que venga presta a restañar las heridas que provoca en mí su infausto recuerdo.

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Corazón cansado

Javier regresaba a paso lento y cansado de su paseo por el parque. A sus ochenta años, la fuerza que años atrás había llenado de vigor todos los músculos de su cuerpo hacía bastante ya que lo había abandonado. Ahora salir de casa y obligar a sus cansadas piernas a avanzar dando un paso tras otro ya era toda una batalla, de la que sabía que cualquier día comenzaría a ser derrotado. De pelo blanco, enjuto, un poco encorvado sobre si mismo, ofrecía la misma imagen que tantos y tantos ancianos, aunque el nunca había imaginado esta palabra refiriéndose a si mismo. Es curioso, pensaba mientras caminaba, como vemos a los demás envejecer a nuestro alrededor y sin embargo nuestra mente se niega a pensar que a nosotros ese proceso cruel y amargo nos está afectando del mismo modo que a todos, es como si nos consideráramos a salvo y viéramos el mundo detrás de una pantalla.

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